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Con seguridad ya habréis leído muchas veces sobre los 1.100 millones de personas que no tienen garantizado el acceso al agua potable y las 10.000 que mueren por ello cada día. También sabrás que este problema no es sino producto de la crisis de insostenibilidad que hemos provocado contaminando y destruyendo nuestros ríos y acuíferos.

Expertos en diversas materias advierten que estamos ante un verdadero holocausto hidrológico. Tal vez tu no lo veas de una forma tan drástica, quizás sólo porque las principales víctimas son invisibles, lejanas y sin rostro. La extracción abusiva de caudales, la desecación de humedales, la tala de bosques y manglares y la fragmentación del hábitat fluvial por grandes presas han quebrado la vida de nuestros ríos, haciendo desaparecer la pesca: la proteína de los pobres.

Trabajando en ello desde 1998, la Fundación Nueva Cultura del Agua organizó la exposición Agua, Ríos y Pueblos. Homenaje a los que luchan por defender los ríos y sus gentes, en la que se propone

Dar la palabra a esas personas, a la vez víctimas y luchadores por un mundo más justo, digno y sostenible. Se trata de proyectar el perfil humano de los conflictos del agua en el mundo, dando posibilidad de expresarse a quienes más sufren y luchan. Tal vez no tengan la solución a los problemas; pero lo que no cabe duda es que tienen y sufren en primera línea los problemas y por ello merecen ser escuchados y tenidos en cuenta.

La muestra se realiza en El Castillo de Aínsa desde el próximo 6 de agosto, con la colaboración del Ayuntamiento de Aínsa y la Diputación Provincial de Huesca. También se realizará una agenda ciudadana hasta el 26 de agosto, que incluye un variado programa de actividades, mesas redondas, charlas, conciertos y proyecciones.

Víctimas de la masacre de Chixoy

Víctimas de la masacre de Chixoy

Según los datos difundidos por la FNCA, la Comisión Mundial de Presas estima que las 45.000 grandes presas construidas en el siglo XX han provocado el desplazamiento de entre 40 y 80 millones de personas. Los reasentamientos presentan graves problemas de habitabilidad, como el hacinamiento, la falta de agua potable, electricidad, y otros servicios; las tierras son pobres y la pesca ha desaparecido; constituyendo así escenarios de extrema pobreza, hambre e insalubridad.

La privatización de los servicios de agua y saneamiento por la presión del Banco Mundial ha hecho de los ciudadanos meros clientes, ignorando que el acceso al agua potable es un derecho humano y debe ser garantizado como tal. El poder que otorga la sola posesión del agua es tal, que en Oriente Medio forma parte de una estrategia militar: al pueblo palestino se le impone un consumo de apenas 107 m3/ habitante/año, frente a los 2.300 m3/habitante/año que acapara Israel.

La masacre a manos del ejército guatemalteco de más de cuatrocientas personas, en su mayoría mujeres y niños, que se resistían a ser desplazados para construir la presa de Chixoy, es uno de los casos más estremecedores. El asesinato de líderes de las comunidades Embera-Katío, que se niegan a dejar sus tierras en el Alto Sinú (Colombia), frente a las presas de Urrá I y II, es otro ejemplo.

A estos avasallamientos sumémosles el cambio climático: durante las dos últimas décadas se han desplazo 25 millones de personas por inundaciones y sequías. Las consecuencias de este tipo de fenómenos dependen del nivel de vulnerabilidad de las poblaciones afectadas. Fragilidad que se incrementa junto a los niveles de pobreza.

En nombre del progreso hemos quebrado el ciclo hídrico, de forma que el medio acuático continental es el que registra la mayor proporción de especies extinguidas o en extinción. Esa quiebra no hizo sino agudizar dos de los grandes problemas de la humanidad: el acceso al agua potable y el hambre. La mayor parte de las proteínas en la dieta de las comunidades pobres procede de la pesca.

Hoy, gracias al incansable trabajo de especialistas en incontables ámbitos académicos y a la preocupación y constante movilización de vecinos y diversas organizaciones, contamos con nuevas estrategias de ahorro, eficiencia y conservación. La modernización de regadíos y redes urbanas, junto a la aplicación de leyes y tecnologías que impidan la contaminación y la sobreexplotación de ríos y acuíferos, son las políticas más avanzadas de gestión de aguas.

La oposición a Itoiz, Yesa, Biscarrués, Santaliestra, Jánovas, Mularroya, Val, Lechago, Rialp, Campo, proyectos construidos, abandonados o en plena lucha, son sólo un ejemplo del nuevo discurso de valores que es ha ido generando y refuerza la identificación con el territorio a la vez que crea un sentimiento de dignidad entre los afectados.

Acércate, infórmate, participa.

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