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El mundo submarino se nos presenta imponente y misterioso. Sumergirnos en su inmensidad es aprender a disfrutar de un mundo lleno de vida, texturas y mucha historia. No sólo la del planeta, sino la nuestra también, pues innumerable cantidad de navíos, aviones, tanques invaden los fondos oceánicos atesorando historias de tiempos inmemoriales. Naufragios, tragedias épicas, guerras, viajes, piratas, y un sin fin de leyendas y fábulas que sobreviven bajo las aguas.

En silencio, una gran diversidad de plantas van incrustándose en la estructura plantas; los peces aprovechan el refugio y la protección que estos lugares les ofrecen. Los más pequeños rodean el pecio; morenas y congrios se esconden en sus agujeros, y los más grandes merodean alrededor para alimentarse de los pequeñines.

Si te animas a este mundo, es menester que el entusiasmo no te haga olvidar las normas básicas del buceo con un techo artificial. Aquí, una pequeña guía básica:

¿Cómo llegar? Hazlo por el cabo de fondeo, así evitarás perderte, tanto para descender como también para ascender. Prepara el cabo con una botella de seguridad en el fondo y otra a unos 5 metros de la superficie, así estarás listo si consumes más aire del previsto.

No perderse: recuerda que más allá del tamaño, siempre exigen riesgos y mejor estar bien prevenidos. Si el pecio a explorar cuenta con varias cubiertas, recovecos y camarotes, el cabo guía es vital. No lo subestimes, pues por más transparente que sea el agua, el lodo del fondo puede levantarse al mínimo movimiento, y en segundos, quedarás a ciegas.

Iluminación: vital para tu seguridad, e imprescindible para que no te pierdas de nada y puedas observar cuánto encuentres bajo el agua. Lleva contigo, al menos dos linternas, por si alguna fallara -recuerda incluir las baterías, totalmente cargadas por supuesto.

Profundidad: aunque muchos pecios suelen estar a poca profundidad, la mayoría se encuentran a profundidades mayores de la que los buzos solemos visitar. Recuerda que los 30 metros, son una barrera importante para el buceo recreativo y los 40 metros, son el límite máximo de inmersión para el buceo con aire comprimido.

Corrientes: atento a esto, pues las corrientes pueden resultar muy peligrosas en un pecio, haciéndote golpear contra los objetos, o incluso mover el pecio, o arrojar objetos sobre ti.

Objetos cortantes: no olvidéis que el agua erosiona y corroe y que este deterioro suele provocar superficies y cantos cortantes, objetos colgantes y sueltos, que constituye verdero peligro para cualquier buzo. Ten mucho cuidado.

Fauna: Como en todo ecosistema, no debes intervenir. Recuerda tu rol en el lugar y no alimentes a los animales ni pretendas tocarlos. Evita accidentes.

Derrumbes: Aunque resulte exagerado, en un lugar tan frágil, hasta tu respiración podría causar derrumbes y desmoronamientos. El oxígeno que exhalas y que trata de subir puede provocar que los objetos se desprendan sobre ti, tenlo en cuenta.

Consumo de aire: A la hora de calcularlo, debes saber que dentro de un pecio siempre es mayor; la adrenalina, la emoción y los nervios, te jugarán en contra. Como la salida no es directa, sigue la regla del tercio; consume un tercio de la botella y regresa. Así, contarás con este tercio de aire extra para utilizarlo en caso de una salida complicada.

Brújula: La cantidad de metal en los pecios inutilizan el uso del compás, por ellos deberás utilizar la pizarra; con un plano del pecio a visitar y sus puntos de interés, te será más fácil recorrerlo.

No toques ni muevas nada: una regla tan simple y sin embargo, absolutamente desobedecida. No se trata sólo de preservar el lugar que visitas, sino también porque ello puede poner en peligro tu vida, pues podrías estar exponiéndote a elementos explosivos, armamento, ácidos, o material radioactivo.

Emergencia: como siempre, deberás tener preparado el plan B, para salidas de emergencia.

 

Fotos: Ali-sub, Mundo Activo, Mare Nostrum

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